¿Dónde estás?
Toda la historia de la humanidad caída empieza con una pregunta que Dios le hizo a un hombre escondido. Adán y Eva acababan de pecar, y su primera reacción no fue buscar a Dios, fue huir de Él.
“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?”
Génesis 3:8-9Fíjate en el orden de lo que pasó adentro de Adán. El pecado produjo vergüenza, y la vergüenza produjo distancia. Esa es la mecánica de siempre: pecas, te avergüenzas, y lo primero que quieres es esconderte, dejar de orar, dejar de leer, alejarte de la iglesia. El pecado te empuja a huir del único lugar donde podrías sanar.
Pero mira lo que hizo Dios. No esperó a que Adán reuniera el valor para volver. Salió a buscarlo. «¿Dónde estás tú?» no era una pregunta de información, Dios sabía perfectamente dónde estaba. Era una pregunta de amor, una invitación a salir del escondite.
Y hay un detalle que muchos pasan por alto. Antes de que salieran del huerto, Dios hizo algo por ellos.
“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.”
Génesis 3:21Para vestir su vergüenza, tuvo que morir un animal. Tuvo que derramarse sangre inocente para cubrir al culpable. Ahí, en el primer pecado de la historia, ya estaba dibujada la cruz. Desde el principio, la respuesta de Dios al pecado del hombre no fue el abandono. Fue ir a buscarlo y cubrirlo Él mismo.
El pecado hizo que Adán se escondiera. El amor de Dios hizo que Dios lo buscara.